miércoles, 25 de noviembre de 2009

COFRADIA DE SAN VICENTE MARTIR

DE LA PROVINCIA DE ALICANTE

 ASOCIACION DE AMIGOS DE LA VIA AUGUSTA

DE LA COMUNIDAD DE VALENCIA

 

 

      DATOS SOBRE TEMAS VICENTINOS.      

 BCOF.-1.1.001.-218 a. C – siglos IV y V

 218 a. C.

 LAS CALZADAS ROMANAS.

 Las calzadas romanas formaban una gran red de comunicaciones en el Imperio, que facilitaba desplazamientos rápidos a las tropas, y también utilizarla para las necesidades comerciales.

Su proyecto y ejecución fue de gran calidad. Su trazado permitió unir los más importantes centros militares y comerciales entre sí.

El origen de las vías principales fue Roma, y se ramificaban por toda la península itálica.

Llegados en el año 218 a. C. a la península Ibérica, los romanos sintieron la necesidad de realizar una red vial.

Algunas calzadas las construyeron sobre vías ya existentes, otras fueron de nuevo trazado. El conjunto puede considerarse como el más perfecto Plan de Carreteras, que diríamos actualmente.

La Vía más importante era la “Vía Heraclea” o “Hercúlea” que fue una prolongación de la VIA DOMITIA, que enlazaba el Ródano con los Pirineos, a través de todo el mediodía francés. Luego se la llamo VIA AUGUSTA, bordeando, su trazado, el litoral mediterráneo, desde los pirineos a Cádiz (se consideraba a ésta ciudad como la segunda más importante después de Roma).

Su itinerario era el siguiente: EMPIRIUM (Ampurias); BARCINO (Barcelona); TARRACO (Tarragona); DERTOSA (Tortosa); SAGUNTUM (Sagunto); VALENTIA (Valencia); DIANIUM (Denia); LUCENTUM (Alicante); ILLICI (Elche); CARTAGO NOVA (Cartagena); ILARCI (Lorca); BASTI (Baza); ACCI Guadix); ILIBERRI (Granada); ASTIGUI (Ecija); CARMO (Carmona); HISPALIS (Sevilla) y GADES (Cádiz).

Timeo, Polibio y Estrabón, aseguraron que esta vía ya existía y era utilizada por los primitivos pobladores de la península.

Por esta calzada fue por donde, distintos autores, describen las numerosas peregrinaciones que se hacían al sepulcro de San Vicente mártir, ubicado en Valencia y es por donde, esta Cofradía y la Asociación de Amigos de la Vía Augusta, pretenden que se reanuden las peregrinaciones, en honor del santo mártir, de Valencia y de toda la Comunidad.

 137 a. C.

 ORIGEN DE LA CIUDAD DE VALENCIA.

             El poblado más primitivo que existió en la actual Valencia, pudo ser el citado por Rufo Festo Avieno en su Ora Marítima con el nombre de Tyrin, junto al río Titius (Turia), perteneciente a los iberos edetanos.

            La actual Valencia desciende de la ciudad fundada en el año 137 a. de J.C. por el cónsul romano Decio Junio Bruto, el Galaico, quien según Tito Livio, estableció en ella a los soldados de Viriato que se vieron forzados a dejar las armas por la agricultura.

            Fue colonia romana importante; en sus monedas aparece el cuerno de Amaltea, símbolo de la abundancia.

            Pompeyo la incendió en sus luchas contra Sertorio. Durante la persecución contra los cristianos decretada por el emperador Diocleciano fueron traídos a Valencia por Daciano, encargado de llevar a cabo el exterminio en España, el obispo de Zaragoza San Valero y su diacono San Vicente, de Huesca, que fue martirizado en el año 304 sobre unas parrillas expuestas al fuego. Desde entonces Valencia recuerda la memoria del mártir que pereció en ella y al que ha nombrado su patrono.

            En Valencia estuvo desterrado por su catolicismo San Hermenegildo, hijo del rey visigodo arriano Leovigildo (584) y a partir de la conversión visigoda al Cristianismo aparece Valencia como sede episcopal.

            Con la invasión musulmana fue conquistada por los ejércitos de Tárik. Las iglesias de la ciudad fueron transformadas en mezquitas; solamente quedaron abiertas al culto cristiano la del Santo Sepulcro y, en la afueras de la ciudad, el Santuario de San Vicente de la Roqueta, éste estaba situado en el lugar donde los restos del santo mártir fueron esparcidos a los cuervos, que de devoradores se convirtieron, según piadosa tradición, en celosos guardianes.

            Durante 500 años estuvo Valencia en poder musulmán, gobernada por un valí. El rico suelo valenciano enamoró a sus nuevos moradores, que lo fertilizaron con canales y acequias.        Del siglo X data el famoso tribunal de las aguas que todavía tiene hoy tantisima importancia en la vida de los huertanos.

            Autores árabes ensalzan la belleza y riqueza valenciana; así Al Makkari llamó a Valencia “Ramillete de España”, por la abundancia de sus jardines y el profeta Jafacha la calificó de “paraíso terrenal”.

 14-37 d.C.

             Se construye el Teatro Romano de Sagunto, durante la época del emperador Tiberio.             Dada su antigüedad, es seguro que los ojos del obispo Valero y de su diácono Vicente, admiraran tan maravillosa obra y, su belleza sirviera para mitigar, por unos momentos, las penalidades del viaje que desde Zaragoza estaban haciendo hasta Valencia, como reos, para ser juzgados.

 LUGARES Y DATOS ANTERIORES A LA PASION:

             Huesca, es la ciudad natal de San Vicente.

            Fue su abuelo paterno AGRESSUS, que llegó a tener la dignidad de cónsul.

Su padre se llamaba EUTICIO y su madre ENOLA, la cual era también de Huesca.

            Fue Zaragoza, la ciudad y diócesis donde ejerció su ministerio como diácono del obispo Valero.

            El itinerario, de Zaragoza a Valencia, como presos de Daciano, transcurrió por; Daroca, Bueña y Teruel, en Aragón; Morella, Segorbe, Sagunto, y Valencia, en la actual provincia de Valencia.

              Parroquia de Santa Mónica: Extramuros de Valencia, desde Sagunto, existió una posada, sita en la calle de Sagunto, junto a la Vía Heraclea o Augusta, donde los prisioneros, Valero y Vicente, “descansaron” próximo a finalizar su penoso viaje. Se dice, que llegados los prisioneros a las puertas de Valencia, una vez puesto el sol, no pudieron entrar en la misma por haberse cerrado las puertas de la ciudad y por ello hubieron de pernoctar fuera. Ello justifica el dicho de “quedarse a la luna de Valencia”, es decir no poder entrar en la ciudad. Al ser demolida la casa número 13 (antes 25), donde se encontraba la posada, y en la cual había una columna, a la cual, la tradición dice, estuvo atado el diácono Vicente, ésta, fue trasladada en 1960 a la parroquia de Santa Mónica situada frente a la antigua posada, Vía Augusta en medio.

              Cripta de San Vicente Mártir: Una estancia abovedada de construcción romana, tenida como la primera cárcel del santo, englobada en una capilla que se encontraban en la casa número 5 de la plaza de la Almoyna. La capilla fue demolida en 1991 terminándose de reconstruir en 1998.

            La “columna de su flagelación”, fue trasladada del zaguán de dicha casa a la capilla en 1970.

            El historiador Gaspar Escolano (1610) llamó “plaza de la Cárcel de San Vicente” a la conocida desde antiguo según el mismo autor, el P. Tosca (1703) y otros, con el nombre de la “Leña” y, al mismo tiempo, y definitivamente, “de la Almoyna”. El motivo de aquella denominación fue por recaer a dicha plaza la capilla-cárcel de San Vicente, englobada un día en la casa del Chantre, nº 5.

               El pretorio: entre las actuales calles del Mar y plaza de la Reina, sobre el que se edificó después de la reconquista de la ciudad, la iglesia de Santa Tecla, y posteriormente un hospicio, que fueron convertidos en 1556, aproximadamente, según el P.Teixidor, en el monasterio de religiosas agustinas, de San José y Santa Tecla. En él se conservaba una escalera y otra prisión, relacionados con San Vicente, que desaparecieron al ser destruido este edificio en 1868. También se encontraba la imagen de San Vicente conocida por SANT VICENT EL POBRET.

             Cárcel de San Vicente Mártir: También existe una modesta capilla, en la próxima calle de la Cárcel de San Vicente número 2, donde hay una columna en memoria de otra prisión del santo. Esta calle es un callizo entre las calles del Mar y de Avellanas, que enfrentaba, hasta el siglo pasado, al extinguido convento de las monjas agustinas de San José y Santa Tecla-en el que se conservaban los restos del pretorio santificado con la presencia del mártir. La nueva denominación sustituye a la no muy antigua de “Carabaces” o “Carabacins”, por existir, en la misma, una pequeña capilla en memoria de otra de las prisiones del santo.

             La parroquia de San Vicente Mártir: en la calle de la Ermita número 1, extramuros, inaugurada en 1977, que ha sustituido a una capilla, edificada en 1739 y derribada en 1948-49, y ésta, a su vez, a una ermita edificada en el siglo XIII, donde la tradición sitúa-en el área de la “Roqueta”-el lugar donde el juez Daciano mandó exponer a las aves y fieras salvajes el cuerpo del mártir.

            Por su relación con el cuerpo exánime de San Vicente, que, según la “pasión”, mandó arrojar Daciano al “campo abierto”, una tradición constante ha venerado el lugar, donde el cadáver fue expuesto, y la zona circundante, llamada hoy todavía con el popular diminutivo, en lengua valenciana, de la “Roqueta”, porque aquel paraje era entonces una peña o altozano rocoso que sobresalía en medio de una marjal pantanoso, situado a un kilómetro y medio al sur del centro del actual núcleo urbano. Lo atravesaba la vía romana Heraclea o Augusta.

            Dicho accidente orografico-hoy inapreciable-se ha perpetuado hasta nuestros días, no en un topónimo especial, como convendría, sino gracias a los sucesivos edificios, apellidados “de la Roqueta”, allí levantados en honor de San Vicente mártir.

            La parroquia de San Vicente Mártir está sobre el lugar exacto de la exposición del cuerpo del santo recién martirizado, según la “pasión”, cuya memoria debió perdurar a través de los nueve siglos que separan este hecho de la conquista de Valencia por el Rey Don Jaime I (304/305-1238), se edificó en el siglo XIII una ermita, que fue sustituida por una más espaciosa, terminada en 1739, y ésta, a su vez, en 1977, por la actual iglesia parroquial.

            De este edificio, señalado con el nº 1, arranca la “Calle de la Ermita”, a quien dio nombre la, antiguamente, allí construida.

 22 de enero de 304-305.

             Muere San Vicente Mártir durante la última y más sangrienta persecución que sufrió la iglesia en la época romana bajo la dominación del emperador Diocleciano. El ejecutor del edicto fue Daciano, juez, o a lo sumo, gobernador de la provincia Tarraconense.

            Habiéndose perdido las actas del martirio, probablemente por deseo de Daciano, igual que las redactadas por los cristianos se ha de acudir a la “pasión”, primera, redactada en las postrimerías del siglo IV, basada, según su anónimo autor, en testimonios de la tradición.

            Puede distinguirse en dicha “pasión” la parte estrictamente histórica de la mítica con la que se la adornó. De la primera por muy extraños y crueles que nos parezcan los suplicios narrados, concuerdan con las penas que la ley romana establecía para los reos de ateísmo, impiedad y de enemigos públicos del Estado: crímenes que se imputaban a los cristianos.

            A unos 35 kilómetros al sur de Valencia hay que recordar la ermita de la “Font Santa”, en el termino de la actual ciudad de Cullera y demarcación de la parroquia de San Vicente mártir, desde muy antiguo dedicada a San Lorenzo, San Vicente mártir y San Valero, que conmemora el lugar donde, según la tradición y del poeta Aurelio Prudencio, quedó el cuerpo del mártir Vicente, al ser devuelto por la mar.

 311-313.

             Según la “pasión” se enterró el cuerpo del santo, en un primer momento, en un lugar del litoral. Cuando la Iglesia se benefició de la paz constantiniana (a. 313), o quizás antes, a raíz del edicto de tolerancia concedido por Galerio (a. 311), los sagrados despojos de San Vicente fueron trasladados junto a la célebre Vía Augusta, a un kilómetro y medio al sur de Valencia, sobre los que debió construirse de inmediato una “cella funeraria” o pequeño mausoleo en su honor.

            Esta basílica sepulcral fue la primera catedral de Valencia.

 354-430.

            San Agustín, conocedor como pocos de la realidad de su momento histórico exclamaba en uno de sus sermones:”¿Qué región habrá hoy o qué provincia, adonde se extienda el Imperio romano o el nombre cristiano, que no goce al celebrar la fiesta de Vicente?”.

 s. IV.

             La denominación de “San Vicente de la Roqueta” se consideró patrimonio de la basílica sepulcral del santo (s. IV) y del monasterio contiguo, de época visigótica.

            El conjunto que los ha sustituido se levanta en la calle de San Vicente Mártir, nº 126, a un centenar de metros de la iglesia parroquial de San Vicente.

            Resta añadir que, en las fuentes documentales y por los historiadores, con la denominación de “San Vicente”-con o sin aditamento “de la Roqueta”-se mencionan el conjunto de edificios e instituciones en ese lugar fundados o reformados por el rey Jaime I.   Las denominaciones más frecuentes son

* Individualmente: iglesia, monasterio, hospital, hospicio, casa, priorato, huerta, lugar;

* Por grupos: iglesia y hospital, lugar e iglesia, casa y monasterio, casa y hospital, casa u hospital, hospital o monasterio, hospital-monasterio, monasterio y hospital.

* O, simplemente, San Vicente.

            La fama extraordinaria de su martirio y el notable concurso de peregrinos que acudían a venerar a tan celebre mártir determinó que, en el mismo siglo IV, se levantase sobre su sepulcro una basílica donde se celebraba un culto solemne.

            El calificativo de “eclesia mater”, que el autor contemporáneo de la “pasión” da a este templo, nos da pie para atribuirle la consideración moderna de catedral, además de ser la iglesia más antigua y principal de la ciudad.

            En el primer supuesto razonable, que preferimos, tal categoría implica la existencia de un obispo, el cual al principio habitaría junto a dicha basílica sepulcral.

            No es improbable que, desde un tiempo que se ignora, el obispo de Valencia hubiera simultaneado o sucedido en esta dignidad a la anterior de abad de un monasterio allí mismo construido para albergar una comunidad de monjes que atendiesen al culto del mártir y a los peregrinos que acudían a venerar su sepulcro.

            Siendo, de momento, imposible averiguar los orígenes de este monasterio, se puede afirmar, con bastante probabilidad, que Justiniano, el primer obispo de Valencia de nombre conocido, fue abad de dicho monasterio, por lo menos antes de su pontificado, cuyo comienzo se fija en al año 527 y acabó con su muerte ocurrida probablemente en el 548.

            La celebridad del lugar vicentino por excelencia, cual era la basílica sepulcral y el monasterio adjunto, reformados y ampliados, después de la conquista de Valencia (1238), determinó que desde el siglo IV el trayecto de la vía Heraclea o Augusta, extramuros, que los separaba de la ciudad amurallada, se viese muy frecuentado y se llamase “Camino de San Vicente” y también-aunque posteriormente “Calle de San Vicente de fuera del Portal” a partir de las diversas puertas abiertas en las murallas que se sucedieron: la Sucronense, en la época romana, quizás la misma-o en el mismo lugar que en la musulmana se llamó de la Boatella; y la de San Vicente, al ampliarse la ciudad, su circunvalación y murallas desde esta puerta, iniciándose las obras en 1356.

            En en mencionado año se inició la construcción, en la actual plaza de San Agustín, la citada puerta, que comenzó a llamarse de “San Vicente”, vulgo “Portal de San Vicent”, y de “San Vicent mártyr”, porque se edificó en el mismo “Camino de San Vicente” y porque se dirigía al santuario y monasterio de San Vicente mártir de la Roqueta.

            Al principio, solo consistía en un arco de medio punto abierto en la muralla. Mas, por la importancia de su situación en la antiquísima y principal vía, que atravesaba la ciudad de norte a sur, y su popular titularidad, fue cobrando este portal progresivamente volumen y ornamentación arquitectónica y devocional hasta equipararse, en su categoría estratégica, si no monumental, con los otros tres, llamados, como éste, grandes o “principales”: los de Serranos, Quart y del Mar, a los que merece añadirse el del Real, por su proximidad al real palacio y, por su suntuosidad, desde los albores del siglo XIX.

            Debido a la aparición sobre dicha puerta, en 1600, de San Vicente Ferrer, patrón del reino, en actitud de defender la ciudad de una peligrosa peste que por aquella parte le amenazaba, pues radicaba su foco en Játiva, por gratitud al favor recibido se colocó sobre la misma puerta, a la parte de afuera, una imagen de este santo en 1677.

            Ello movió a que la comunidad cisterciense de San Vicente de la Roqueta el 17 de agosto de dicho año elevase un memorial al Consejo de la Ciudad, suplicando que, en justa correspondencia a la plurisecular protección de San Vicente mártir sobre la ciudad de Valencia y a la costumbre de juntar ambos santos en todos los lugares públicos, se pusiera también la imagen del protomártir de Valencia sobre dicha puerta a la parte de dentro de la ciudad. Como era de esperar, el Consejo acordó por aclamación acceder a tan justa petición, y se instaló la solicitada imagen en el año 1681.

            Por falta de solidez fue derribado este portal y sustituido por otro de mayores proporciones, con tres puertas, siendo inaugurado el 15 de mayo de 1835. Pero sucumbió como los restantes de la ciudad, excepto los de Serranos y Quart, al acordarse su demolición a fines de 1868.

            Sin duda, pertenecían al mismo las imágenes pétreas de los Santos Vicentes-no las de 1677 y 1681, ya mencionadas, sino las esculpidas en 1821-, que en la pasada década de los cincuenta se instalaron sobre digno pedestal: la del mártir, frente a la moderna iglesia parroquial de su titulación, en la plaza de España-cruce de las calles de San Vicente mártir y Gran Vía de Ramón y Cajal-justo en el área de “la Roqueta”; y la del Ferrer, en la plaza de Tetuán, cerca de la casa natalicia del santo y frente al convento de Santo Domingo, donde aquél profesó en la orden de predicadores.

            Después del derribo de esta puerta, con el nombre de calle de San Vicente mártir se comprende actualmente el trayecto de unos tres kilómetros, que, arrancando desde el corazón histórico de la ciudad (plaza de la Reina), ha ido absorbiendo en su nuevo y amplio trazado, y con la denominación única, entre otros tramos viales, antes intramuros, de menos importancia, las calles de San Martín, de la Boatella, de San Vicente (desde 1356) y la plaza de Cajeros, además de la calle de San Vicente de fuera del Portal o camino de San Vicente, que, desde las murallas, conducía a su iglesia y convento de la Roqueta, habiendo sobrepasado incluso el limite sur del antiguo termino municipal de Valencia, señalado en este punto, como se dijo, por una típica Cruz Cubierta; con lo que esta vía se ha convertido en la mayor radial de la ciudad.

 Siglos IV y V.

             El sarcófago donde reposaron los restos de San Vicente Mártir es de fines del siglo IV procedente de esta última iglesia, donde permaneció hasta 1837. Pasó en 1965 al Museo de Antigüedades de Valencia y hoy se conserva en el Provincial de Bellas Artes, San Pío V de Valencia. Eminentes historiadores y críticos suponen que fue el propio del santo.

             EL SARCÓFAGO DE SAN VICENTE ha movido mucha bibliografía y no es el caso de dar --como en general en éste comentario-- una lista exhaustiva. Publicado con la mención de que se trataba del sepulcro de San Vicente por J. MARTÍNEZ ALOY: Antigüedades de Valencia. Sepulcro cristiano, El archivo, I 1.886, 314, tuvo el primer estudio moderno a A. CUEVES: Los sarcófagos paleocristianos del sudeste español, IV Congreso Arqueológico del Sudeste, Elche, 1948, 442 ss., estudio que estaba inspirado por el profesor H. SCHLUNK, primera figura de ésta especialidad. No hay que decir que los investigadores contemporáneos han dejado de lado la hipótesis de que se trate del sarcófago comprado por la comunidad cristiana valenciana para poner los despojos del santo protomártir; así, por ejemplo, últimamente, Sotomayor, quien ha fechado y ha hecho los estudios más modernos. La erudición valenciana, en cambio, nunca ha dejado de sostener la posibilidad; ver V. CASTELL: El primer altar cristiano de Valencia, Boletín de Información Municipal, Valencia, XIX, 1.971, 4º trimestre, 32 ss. Hay además la noticia de que el sarcófago habría sido trasladado a la Ciudadela a principio del s. XIX desde la zona de la Roqueta, noticia que no nos ha sido posible confirmar, y que de ser real, plantearía otra vez la cuestión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Publicado por Desconocido @ 17:39  | COF-1.1.-SUCESOS
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