sábado, 12 de diciembre de 2009

COFRADIA DE SAN VICENTE MARTIR

DE LA PROVINCIA DE ALICANTE

 ASOCIACION DE AMIGOS DE LA VIA AUGUSTA

DE LA COMUNIDAD DE VALENCIA

  

DATOS SOBRE TEMAS VICENTINOS DE 1102 A 1109

BCOF-1.1.004

 DATOS DESDE 1129 A 1393

 1129.

            Fueron expulsados unos cuarenta monjes del “monasterio benedictino” de San Vicente por la sospecha de unos fanáticos musulmanes de que habían faltado al “pacto” existente por haber favorecido, según ellos, al rey aragonés.

 1140.

            El gran libro de viajes, guía de AYMERIC PICARD, escrito en 1140, incluido en el libro V del CODEX CALIXTINUS, se considera como la primera guía de turismo europea. El CODICE CALIXTINO, con su nombre vinculado al arzobispo de Vienne, Guido de Borgoña, elegido papa con el nombre de CALIXTO II, un noble francés que, a través de su hermano Raimundo y del hijo de éste, el rey Alfonso VII, nacido en Caldas, se incorpora a la historia de Galicia y de su santuario apostólico.

            Comentando el Códice Calixtino escribe Camps Cazorla: “Los capítulos más pintorescos son el VI, que trata de los ríos buenos y malos que hay en el camino de Santiago, y el VII, donde se habla de los nombres de las tierras y de las cualidades de las gentes que se encuentran en el mismo, y en los que se hacen las más curiosas descripciones y se recomiendan los cuidados más inverosímiles. Así lo referente al río Salado, cuyas aguas envenenan, por lo que a sus orillas hay individuos que esperan con sus afiladas navajas la muerte de las cabalgaduras de los peregrinos para desollarlas; la advertencia de que morirá todo aquel que coma barbos, “pues todos los pescados y las carnes vacunas de España y de Galicia comunican extrañas enfermedades”, según sus palabras.

 1143.

            La expulsión de los cuarenta monjes del monasterio de San Vicente realizada en el año 1129, se conoció por una carta, fechada en 1143, del monje Hermann de Tour a Anselmo, abad de San Vicente de Laón (Francia), que se la comunicaron dos monjes del monasterio valenciano que con él se encontraron en Zaragoza, de quienes recabó información para ir a Valencia “ubi sanctus Vicentius quiescit”.

            Estos datos no dejan de ser excepcionales, además de la autenticidad de la carta y de la de sus protagonistas, por las siguientes razones:

            1º ser el testimonio explícito más antiguo sobre este convento;

            2º si a los cristianos españoles les prohibía la ley islámica edificar nuevas iglesias, es la señal de que el templo y el monasterio vicentinos existentes en ese año de 1143 permanecían como los sorprendió la invasión musulmana en los albores del siglo VIII y de que habían logrado sobrevivir hasta entonces.

            3º confirman, por tanto, lo arriba dicho sobre la preexistencia de tal monasterio, en la primera mitad del siglo VI, por lo menos, entonces prebenedictino, y apoyan la opinión de la prelacía en el mismo del que fue obispo de Valencia, Justiniano (527-548), ignorándose cuando adopto la regla benedictino,

            4º comprueban que ambos-iglesia y monasterio-se mantuvieron vigorosos durante la mozarabía, atendido el numero elevado de religiosos que lo habitaban hasta 1443 poco menos, y

            5º que hasta aquel momento se conservaba en su basílica sepulcral el cuerpo de San Vicente mártir, la fama de cuyo martirio perduraba allende las fronteras, concretamente en la Francia actual, gracias a los centros difusores de la misma: Metz y Castres.

 1143.

            El foco originario, autentico y principal, de donde se irradió la fama y devoción a San Vicente mártir, fue su basílica de Valencia por conservar su sepulcro, la noticia última del cual data del año 1143, ignorándose con seguridad hasta cuando conservó los restos del santo y cómo desaparecieron del mismo.

Ultima peregrinación documentada a la Real Basílica Sepulcral de San Vicente Mártir en Valencia.

 1143.

            En LAS PEREGRINACIONES A SANTIAGO DE COMPOSTELA, de Luis Vázquez de Parga, José Mª Lacarra y Juan Uria Riu, editada por el Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra, se relata la conocida anécdota que indica la importante existencia de relaciones comerciales entre Valencia y Santiago de Compostela.

            Ocurrió en 1143. Sin referirse directamente a peregrinaciones a Compostela demuestra la importancia de la atracción de gentes de diferentes lugares, por diferentes motivos, que tenia Santiago de Compostela y Valencia. Un monje francés, Hermann, que después había de ser abad de San Martín de Tournai, encontrándose en Zaragoza gozando del trato familiar de su obispo, le expresó su deseo, motivado por la gran devoción que profesaba a San Vicente Mártir, de visitar su tumba en Valencia. El mismo deseo tenía el obispo, pero no había podido cumplirlo por miedo a los musulmanes. Casualmente se encontraban allí dos monjes del monasterio que guardaba el cuerpo de tan insigne mártir en las proximidades de Valencia (San Vicente de la Roqueta), y de ellos pudo Hermann obtener los detalles que apetecía. El camino directo a Valencia representaría una semana escasa de viaje; pero nadie se atrevía a hacerlo por miedo a los paganos. “Si quieres ir allí-le dijeron-ve antes a Santiago, y así podrás unirte a los negociantes, que pagando el tributo acostumbrado y con salvoconducto del Rey van con seguridad, y así podrás tú ir”. El tiempo que calculaban invertiría en ello sería de unas cinco semanas. Al futuro abad debió de parecerle el trabajo del viaje excesivo, o el tiempo o los medios con que contaba insuficientes, pues renunció a la peregrinación proyectada; y narra todo esto con otros varios detalles, en la carta que escribe al Abad Anselmo, de San Vicente de Laón.

            Esta ruta podría coincidir con la denominada “Ruta del Esparto”, que partiendo de Valencia, por la Vía Augusta, llega a Xativa. Desde esta población a través de Toledo, se llega a Zamora, incorporándose de este modo a la Vía de la Plata, la cual une Oviedo con Sevilla, intersectando todas las rutas que a Santiago vienen de Francia.

 1150 +.

            Adam de San Víctor fue otro escritor sobre San Vicente.

1163.

            Muere, San Juan de Ortega, el 2 de junio de 1163

 1163.

            Alfonso VIII de Castilla, viviendo Ibn Mardanis, hace donación de las aldeas de Fuentidueña y Estremera, en la actual provincia de Madrid, a los monjes de San Vicente Mártir de Valencia.

 1172.

            Muerto Ibn Mardanis, el 27 de marzo de 1172, Alfonso II de Aragón, libre por lo visto de la alianza que con él tenía, sitió Valencia ese mismo año, levantando el asedio, entre otras condiciones, con la de que la iglesia de San Vicente, con todos sus diezmos y primicias y demás derechos, quedase para dicho rey. Gobernaba por aquel tiempo Valencia el hermano de Ibn Mardanis. Abu-l-Hay-yay, quien habiéndose sometido a los almohades al morir aquél, se mantuvo en el cargo hasta su muerte, en 1177 o poco antes.

 1177.

            Todo lo dicho cedió o traspasó el citado monarca aragonés al abad y monjes del monasterio de San Juan de la Peña en octubre de 1177.

 Siglo XII.

            Compostela se convirtió en el centro más importante de peregrinaciones de la cristiandad.

 LAS PEREGRINACIONES A SANTIAGO DE COMPOSTELA.-LUIS VAZQUEZ DE PARGA.-JOSE Mª LACARRA.-JUAN URIA RIU.-DEPARTAMENTO DE EDUCACION Y CULTURA DEL GOBIERNO DE NAVARRA CON LA COLABORACION DE IBERDROLA.

 LOS SEPULCROS DE LOS MARTIRES COMO CENTROS DE PEREGRINACION.

            Desde muy pronto los santuarios más célebres por los milagros que en ellos ocurrían, o por la confianza de los fieles en el poder de la intercesión de los santos a que en ellos se rendía culto, se convirtieron en centros concurridísimos de peregrinación, ya por los fieles de la comarca, ya por gentes venidas desde lejanos países. En Oriente encontramos entre los mas frecuentados el de San Menas, en Mareótida, de cuya popularidad es buen documento las innumerables ampollas que llevaban, de allí, con aceite los fieles, y que hoy se encuentran en todos los museos del mundo. También el sepulcro y la columna de San Simeón Estilita atrajeron grandes muchedumbres. En Occidente, el centro más visitado fue Roma. Ella era ante todo el lugar donde se encontraban las tumbas de San Pedro y San Pablo; pero a su lado había en Roma los sepulcros de muchísimos mártires conocidos y desconocidos:

            Vix fama nota est, abditis

            Quam plena sanctis Roma sit,

            Quam dives urbanum solum

            Sacris sepulcris floreat. (Peristeph.,II).

             Desde el siglo V al VIII, las catacumbas fueron exclusivamente santuarios en los que solamente se rezaba ante las tumbas de los mártires.(Marucchi:Guide des catacombes romaines,1.903,pag. 4.). Al final del siglo VIII, ante el peligro de profanaciones producidas por la guerra, los papas empezaron el traslado de las reliquias a las basílicas del interior de la ciudad. Este traslado había terminado a mediados del siglo siguiente, y como consecuencia, las catacumbas, privadas de los cuerpos de los mártires, dejaron de ser visitadas por los peregrinos. Estos, que en un principio centraban en interés de su visita en las dos basílicas de San Pedro y San Pablo, que los emperadores del final del siglo IV habían unido entre sí con pórticos, en el periodo bizantino se encontraban con una aglomeración de santuarios, y la visita a las catacumbas estaba entonces en su momento de esplendor. En la Alta Edad Media, la peregrinación a Roma cede en importancia a otras, sobre todo a la de Tierra Santa, y probablemente también a la de Compostela, hasta que el jubileo, establecido en 1300 por Bonifacio VIII, volvió a llevar a la Ciudad Santa nuevas multitudes.

 MARTIRES ESPAÑOLES.

            España tuvo pronto sus mártires propios celebrados por Prudencio en su PERISTEPHANON: Eulalia, en Mérida; Emeterio y Celedonio, en Calahorra; Valerio, Engracia y los dieciocho mártires, en Zaragoza; Fructuoso, Augurio y Eulogio, en Tarragona; Acisclo, Zoilo, Fausto, Ianuario y Marcial, en Córdoba; Félix, en Gerona; Cucufate, en Barcelona; Vicente, en Sagunto; Justo y Pastos, en Alcalá.

            De estos santos,"el mas celebre de España y uno de los más célebres de la cristiandad entera, fue San Vicente" (Delehaye: Culte, pag. 367). En uno de los sermones pronunciados por San Agustín el día de su fiesta, leemos: "quae hodie regio, quaeve provincia ulla, quo usque vel Romanum imperium vel christianum nomen extenditur, natalem non gaudet celebrare Vincentii?" (Sermo CCXXVI, 4 (P.L..,t.38,col.1.257)).

            En la Iglesia española hubo la misma veneración por las reliquias de los mártires, que pronto se generalizó entre todos los cristianos, y al lado de los mártires propios aparecen, en las más antiguas inscripciones relativas a deposiciones de reliquias, los nombres de otros que gozan de general veneración: los de los apóstoles, San Lorenzo, San Cristóbal, San Julián, etc.

            En el ritual mozárabe, el rito de la deposición de reliquias formaba parte del de la consagración de una iglesia. Vives cree, sin embargo, que las inscripciones que se refieren a dicha deposición no siempre suponen una consagración concomitante, sino que pudieron repetirse en iglesias ya consagradas. Las más antiguas son posteriores al año 600, y todas ellas de la zona meridional de la Península: Medina Sidonia, Vejer de la Frontera, Salpensa, Alcalá de los Gazules, etc. Hübner ha recogido bastantes, posteriores a la invasión musulmana, como las de Escalada, San Adrián cerca de Eslonza, San Martín de Salas (año 951), Santa Maria de Obona, Priesca y Arnedillo, La mas celebres son las del arca santa de Oviedo.

            Además de los testimonios epigráficos, otros varios literarios comprueban la devoción de los españoles a los santos y a sus reliquias en los tiempos que siguieron a las invasiones de los pueblos bárbaros. El culto de aquéllas gozó pronto de gran favor entre los germanos convertidos. El prólogo de la LEX SALICA dice que "una vez el pueblo de los francos hubo aceptado la fe y recibido el bautismo adornó con rico oro y piedras preciosas los santos cuerpos de los mártires que los romanos habían quemado con fuego, dado muerte con la espada o arrojado a las fieras para que los despedazasen". En la España visigoda anterior a Recaredo, católicos y arrianos parecen haber compartido la devoción a los mismos mártires y disputado sus reliquias. Un relato vivo y pintoresco del diácono anónimo de Mérida cuanta la entrevista, mas o menos fantástica, entre Leovigildo y el obispo de Mérida, Másona, queriendo el primero conseguir para su iglesia arriana de Toledo la túnica de Santa Eulalia.

            Cuando los reyes francos Childeberto I y Clotario I sitian la ciudad de Zaragoza, en el año 531, sus habitantes pasean en procesión, alrededor de las murallas, la túnica de San Vicente y los sitiadores se ven obligados a retirarse presa de pánico. (Gregorio de Tour: Historia Francorum, III, 29 (ed. Arndt, M.G. SS. RR. MM., t.I, pág.133-134. Liber Historiae Francorum, 26)).

 19 de marzo de 1232.

            Jaime I, ya antes de tomar Valencia, emula el ejemplo de sus antecesores, los cuales desde Alfonso I el Batallador, habían tenido como feudo espiritual el mencionado conjunto vicentino de Valencia.

            En el tiempo de la prerreconquista, el 19 de marzo de 1232 donó el monarca, para cuando los poseyese, el lugar y la iglesia de San Vicente al monasterio altoaragonés de San Victorián de Asán.

 9 de julio de 1237.

            Desde el Puig, Jaime I los concedía iglesia y monasterio, a los benedictinos de Santa María de la Grassa, en el Languedoc francés, del cual era patrono, proponiendo a sus monjes que construyesen junto a dicha iglesia un convento tan pronto como pudieran.

            Se interpreta esta última cláusula en el sentido de que habian de reconstruir el vetustísimo edificio monacal de San Vicente, probablemente en ruinas, en cuanto el rey tomase la ciudad de Valencia, cuya caída se preveía inminente.

            La firme convicción de Jaime I de que debía la fácil conquista de Valencia, a pesar de las enormes dificultades que encontró en la nobleza aragonesa, a la especial protección de San Vicente, explica que hasta el final de sus días demuestre un interés extraordinario por incrementar y revitalizar el singular patrimonio espiritual recibido de sus antecesores, cual era el conjunto vicentino, considerando esta ilusionada empresa como la corona de la reconstrucción ideológica y suprema del nuevo reino cristiano de Valencia, por él fundado. Y esto, a pesar de su incansable actividad y vida itinerante por sus extensos dominios.

            No obstante haber desaparecido o haberse escondido las reliquias del santo, el recuerdo de su sepulcro quedó inmortalizado por la obra del rey Don Jaime principalmente, de modo que, gracias a su proverbial largueza, el complejo de San Vicente, llamado “de la Roqueta”, continuó siendo, como hasta entonces, el corazón espiritual de Valencia, aun estando ubicado extramuros de la ciudad, y asimismo, centro difusor de la devoción al glorioso mártir. Don Jaime es, pues, el eslabón providencial que hereda la devoción a San Vicente, conservada a lo largo de cinco siglos cumplidos por los heroicos mozárabes valencianos, y la consolida para transmitirla a la posteridad.

            Los deseos del monarca aspiraban a más, pues, junto a dichas provisiones, concibió, en un primer momento, que “San Vicente” fuera un ambicioso complejo de edificios que albergara tres unidades: una iglesia secular, un hospital para pobres y peregrinos y un monasterio, preocupándose, al mismo tiempo, de solicitar del papa Gregorio IX, no sólo el derecho de patronato para este proyecto a favor de él y sus sucesores, sino también la especial protección y patronato de la Santa Sede, que se le concederían el 9 de enero de 1239. En sendas bulas; con lo cual San Vicente y sus propiedades quedaban exentos del control diocesano, en forma semejante a los templarios y dominicos.

 Abril 1238.

            En cuanto el rey formalizó el asedio a la ciudad de Valencia, pudo satisfacer su devoción al santo y visitar su iglesia, que, con el “lugar de San Vicente”, fueron inmediatamente ocupados. En ella celebró al mes siguiente, la primera misa el obispo de Albarracín, Don Ximeno, se consagró el cementerio y comenzaron a administrarse sacramentos.

            Una vez cayó Valencia, se fortificó cuidadosamente el conjunto de San Vicente, para protegerlo de las incursiones musulmanas, comenzó la construcción de un nuevo templo más capaz y, en poco más de diez años, los otros mencionados edificios fueron levantados y entraron en funcionamiento. A este complejo, las construcciones sueltas que se le agregaron y tierras adyacentes concedió el rey el derecho de asilo, como solo había otorgado a la catedral.

            El proyecto inicial del monarca se vio enriquecido con una obra social, rara en el siglo XIII: los pensionados de la corona, consistente en dar alojamiento, alimentos y vestidos a los funcionarios jubilados hasta su muerte.

Concluimos esta rápida visión hacia lo que fue y queda de aquel “hogar espiritual” de Valencia”, perpetuado durante casi 17 siglos a través de los edificios con denominación de “la Roqueta”, que los aglutina, evocando el “lugar de San Vicente” conque la documentación medieval, anterior a la conquista de Valencia, designa el núcleo habitado po la irredenta población mozárabe, arracimada, de hecho y jurídicamente, en torno a la basílica sepulcral del santo y monasterio anejo, que sorprendió, todavía fiel a la fe cristiana, el rey Don Jaime I al ocupar la ciudad (1238).

            No es posible documentar su indudable antigüedad, que pudo remontarse, al menos, a la época visigótica. Paulatinamente fue perdiendo su aislamiento y personalidad como suburbio, alejado de la ciudad, a medida que fue absorbiéndose en la urbe moderna, que, desde el derribo de sus murallas, dispuesto en 1868, si bien iniciado en 1865, ha ido extendiendo rápidamente sus tentáculos, incluso más allá de su antigua demarcación municipal, cuyo limite jurisdiccional señalan las tres clásicas “cruces cubiertas”, de estilo gótico florido, situadas en las históricas vías o carreteras generales que abocan a la ciudad.

 CONQUISTA DEL REINO DE VALENCIA.

            Reunidos en Alcañiz, Jaime I, el Maestre del Hospital Hugo de Forcalquier y D. Blasco de Alagón, que había vivido en Valencia dos años, estudian la propuesta que le hacen a Jaime I de conquistar el Reino de Valencia para completar la conquista de Mallorca. Asesora Blasco de Alagón.

            Le aconsejan que lo primero que había que ganar era Burriana. Se acepta la propuesta después de las consabidas deliberaciones.

            Van hacia Burriana para tomarla. Antes de hacerlo le comunican que Don Blasco quiere tomar para él Morella. Entrevista con Jaime I y de común acuerdo, acude a tomarla Jaime I para él, dándosela en feudo a D. Blasco.

            A continuación toman Arés, luego Burriana y posteriormente Peñiscola, cayendo a continuación paulatinamente Castellón de Burriana, Cuevas de Avinromá, Alacalatén, Villafamés, luego Cullera, la Torre de Moncada, Torre de Museros, El Puig, Játiva, Almenara, Usó, Nules y Castro, pasando luego a Paterna, Betera y Bulla, con lo cual han puesto el CERCO a Valencia. Entonces toman Silla, la puerta de Jarea, etc.

 RENDICION DE LA CIUDAD DE VALENCIA.

            D. Pero Cornel y D. Jimeno de Urrea embistieron la Torre que está a la parte de la Boatella en la calle de San Vicente sin dar noticia de ello a Jaime I. No la pudieron tomar. Jaime I le reprendió y decidió volver a atacarla. Se tomó la torre quemándola, muriendo los defensores, y posteriormente regresó Jaime I al campamento.

            Se parlamenta con el enviado de Zaen.  Era Ali Albatá el parlamentario. Posteriormente lo fue el arrayaz Abulhamalec, que era sobrino de Zaen. Pusieron como condición para la entrega de Valencia que había que llevar a los que quisieran hasta Cullera llevandose todo lo que pudieran. Se puso para la aceptación un plazo de diez días.

            Este pacto no gustó a los "adictos" a Jaime I.

 V.O. cap CX (Cap CXCI).

            Pasados tres días, a la hora de vísperas, enviaron a decir al Rey y al arrayaz Abulhamalec, que para que supieran los cristianos que Valencia era nuestra, y ningún daño les hicieren, enarbolaren nuestra señera en aquella torre que ahora es el Templo. Respondieron ellos que les placía y entonces fuimos a la rambla que había entre el real y la torre, donde descabalgamos, y vuelta la cara a oriente, lloraron nuestros ojos, y besamos la tierra por la gran merced que Dios nos había hecho.

            El penó de la conquista lo pusieron en la Torre d´Ali Bufat, el 28 de Septiembre de 1238 y dicha torre se denominó posteriormente del Temple, estando situada en la porta de Bab al-Sakar. Dicho penó se conserva en el Monasterio de San Vicente de la Roqueta hasta fines de 1.838. Es decir está 600 años en el Templo del citado Monasterio.

 1238 a 1255.

            Administran todos estos establecimientos los monjes de San Victorián de Asán.

1255 a 1259.

            Fueron sustituidos en la administración por los mercedarios, no sin protestas de los anteriores.

 1259 a 1289.

            Vuelven a administrar los monjes de San Victorián de Asán.

            A los clérigos seculares que servían a la iglesia se les llama canónigos en la documentación; por lo que debían formar una especie de cabildo secular sometido a los religiosos administradores.

 1262.

            Después de colocada la primera piedra de la nueva catedral de la Reconquista, que sustituyó a la provisional instalada en la mezquita mayor, consagrada el 9 de octubre de 1238, al reconquistarse la ciudad por el rey Don Jaime, se dedicó a San Vicente Mártir una de las primeras capillas que comenzaron a edificarse en la girola o deambulatorio, tras el presbiterio

 1263.

            Don Jaime I destinó a San Vicente toda su propia capilla, incluyendo cruces, cálices, pinturas, tabernáculos, reliquias y ornamentos.

 20 de julio de 1276.

            Y finalmente, que, viendo acercarse su fin, añadió a su testamento un primer codicilo, en virtud del cual disponía una notable ampliación de las instalaciones del complejo vicentino, que detalla con una minuciosidad que demuestra su devoción entrañable al protomártir de Valencia.

 1283.

            El Gremio de Sastres de Valencia se fundó en los primeros tiempos de ser conquistada Valencia por Jaime I habiendo adquirido gran preponderancia, hasta el extremo de tener representante oficial en el Concejo de la Ciudad, cuya representación era elegida libremente por los miembros de la Cofradía, hecho que tuvo lugar en el año

1283.

            La importancia de las Cofradías creció y se las considero “peligrosas” motivo por el cual fueron, por Jaime II, disueltas. Siguieron funcionando fuera de la Ley.

            Don Alfonso IV rehabilitó a la Cofradía de los Sastres el 4 de septiembre de 1329.

            Desde el siglo XVII, la cofradía tenia un sepulcro, para los del gremio, en la Basílica Sepulcral de San Vicente de la Roqueta, junto al sepulcro de su patrono San Vicente Mártir, que sustituyó a San Antonio cuando tenían su sede en el convento de San Francisco.

            En la Basílica de San Vicente de la Roqueta tenía y obtuvieron el patronato del altar mayor cuyo retablo, hoy desaparecido, costearon, así como su sepulcro, que también desapareció, habiéndose recuperado una estatua que servia de tapa al mismo. (Las Provincias 22-1-1929).

 1308-1644.

            El LLIBRE DE MEMORIAS (1308-1644) publicado por S. Carreras Zacares en 1935, hace 51 referencias a la senyera, entre ellas:

            "Item, lo dit Consell per alcuns juts motius allí raonat provei e ordenax deliberadament e concordant quels penons d´or i flama que la ciutat per a sus festes e honors té obtendrá d´aci avant en sus estoigs del archiu de la sala no sien prestats a alcuna singular persona privada o stranya" (Arxiu Municipal de Valencia, Manual de Consell. A-19 f.232 (14-Junio-1391)

            [ ] prestat una bandera real (reial) de les de la ciutat als frares de San Vicent [Mártir, dit de la Roqueta] per obs de la festa [ ] e pasada la festa sia per aquells restituïda a la dita ciutat. (Arxiu Municipal de Valencia, Manual del Consell, A-31, f.164 (10 de gener de 1437).

 1311.

            Escolano, nos dice que el 16 de marzo de 1311, el Consejo acuerda que en la festividad del santo, el 22 de enero, se repartan a los pobres hogazas de pan “a los que se presenten a pedirlas y tres hogazas si los pobres son vergonzantes”, todo ello como es natural con cargo al erario municipal y para honrar la memoria del santo.

            Eran jurados en aquella ocasión: Maymó Zaplana, Bartolomé Matoses, Bernardo Planell, Ramón Mascó, ciudadanos, y Justicia, Jaime Bou Macip igualmente ciudadano.

 1393.

            Cuenta Escolano que en el año 1393 el Consejo prohibe que nadie tenga estercolar entre la puerta de San Vicente y el monasterio de la Roqueta “por haber sido consagrado aquel venturoso pedazo de calle con la sangre que por ella vertió”. Este tramo se corresponde con la Vía Augusta. Esta noticia que no solo tiene carácter religioso sino que da idea del buen criterio del Consejo ya que indudablemente era una vía que seria muy frecuentada por la población y especialmente por aquellos que se dirigieran a rendir culto a San Vicente Mártir en su basílica sepulcral.


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Publicado por Desconocido @ 19:16  | COF-1.1.-SUCESOS
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